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Carlos Beltrán, sexto teniente de alcalde y concejal de juventud y deportes del Gobierno de Vecinos por Torrelodones explica su sentir y sus dudas ante las situaciones y los intereses que se producen en el ámbito de la política local y, concretamente, en el ayuntamiento de Torrelodones.

La gente nos mira con expectación; y nos para con expectación; y nos pregunta con expectación. Y, nosotros -concejales y concejalas de Vecinos- no podemos dar respuesta. Sólo sabemos que no sabemos nada, socráticamente hablando.
A lo largo de estos dos últimos años (y pico) hemos dejado nuestra capacidad de asombro al nivel de Tartarín de Tarascón. Nada es asombroso porque, en realidad, todo lo es. La experiencia anterior en la oposición dejaba más hueco a las certezas y menos al funambulismo.
Es como si el coche de delante pone  intermitente a la derecha y luego gira a la izquierda, de forma sistemática, lo que produce una extraña sensación de ansiedad continuada a la que, con el tiempo, acabas acostumbrándote.
Sin embargo, acostumbrados como estamos a escuchar día tras día mentiras como puños y de ver la danza de la bailarina coja de los siete velos, estos días, creo, estamos entrando en la fase más elevada del peripatetismo: la duda como elemento existencial. Dudamos de los demás, de nosotros, de si tenemos que seguir, de si tenemos que parar, de si nos van a salir por aquí o por allá, de si decirles o no decirles, de si callar o no callar.
Como mis compañeros no son sólo hombres y mujeres de conocimiento, sino que además son sabios (que es mejor), dudan. Yo, como soy consciente de mi lamentable estado de aturdimiento, dudo, pero no por sabio sino por perito en lunas; me debato entre mil dudas y una certeza: la estupidez humana no tiene límites.
Y hete aquí que en un pueblecito de la sierra de Madrid, algunos congéneres (poquitos y aunque me cueste creerlo son de mi misma especie), están empeñados en demostrar la tendencia al infinito de las mentes vacías de argumentos, las únicas que pueden estar seguras de algo. Estas mentes están seguras de algo, pero no saben explicarlo a nadie, ni siquiera se lo saben explicar entre ellos. La vida es un misterio muy vasto, inmenso e incognoscible.
Y la duda nos lleva a encontrarnos cara a cara con la realidad: los opuestos se encuentran; y se encuentran justo donde lo hacen la vida y la muerte.
¿Por qué absurdo motivo el destino nos ha dado este orzuelo cuando habíamos conseguido sacarnos la viga del ojo?
Gracias por el apoyo y la cerveza (que es bastante mejor que la certeza)
Y amigos… no os preocupéis, no tenemos nada que ocultar y nada de lo que arrepentirnos. No dudemos de nadie de los que estamos, o tal vez sí. Pero si lo hacemos, hagámoslo seguros de que la duda es crecimiento y la certeza, bloqueo.
Y para los que quieran saber nada más sabio que informarse. Bien, se entiende.
Carlos Beltrán, sexto teniente de alcalde y concejal de juventud y deportes.

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