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Torrelodones tiene un enclave privilegiado. Eso pensamos muchos cuando nos venimos a vivir aquí. Su proximidad a Madrid, buenos transportes, colegios y, por supuesto, su naturaleza. Su paisaje peculiar con sus rocas y bosques han atraído a muchos. Vecinos y visitantes disfrutamos de actividades al aire libre. Paseamos por sus senderos, escalamos sus rocas, disfrutamos […]


Torrelodones tiene un enclave privilegiado. Eso pensamos muchos cuando nos venimos a vivir aquí. Su proximidad a Madrid, buenos transportes, colegios y, por supuesto, su naturaleza.
Su paisaje peculiar con sus rocas y bosques han atraído a muchos. Vecinos y visitantes disfrutamos de actividades al aire libre. Paseamos por sus senderos, escalamos sus rocas, disfrutamos de sus puestas de sol…tan a gusto nos sentimos, que nos sentimos como en casa.
Llega la hora de merendar, pues sacamos la merienda; ¿qué me sobran bolsas?, pues ahí las dejo. ¿Qué tenemos un cumpleaños?… ¡pues venga! Las velas, el confeti, los globos, las serpentinas… y que no falte ni el regalito ¡Como en casa!
Que se me rompe el material de escalada, pues ahí se queda. ¿Una cervecita? ¡ Uy, vaya! Se me ha caído la botella y se ha hecho añicos…
Podría seguir contando con detalle todos y cada uno de los residuos que nos encontramos en el monte. Residuos que también producimos en nuestras casas, donde nos preocupamos de quitarlos de en medio por desagradables o insalubres.
El monte, patrimonio de todos – personas, jabalíes, conejos, perdices y muchos seres vivos más- es tristemente objeto de desprecio, desidia y vandalismo tan arraigado en muchos que llega incluso a resultar natural. ¡Y no lo es!
Luz Marina Vicen Aznar
 

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