VxT

Una idea escrita invita a otras ideas no escritas De realidades Existen dos mundos paralelos, uno finito: la realidad, y otro infinito: el de las opiniones sobre la realidad. Pero la realidad manda sobre cualquiera de sus interpretaciones. La realidad tiene siempre la última palabra. A veces incluso la primera. Solemos inventar realidades que encajen […]

Una idea escrita invita a otras ideas no escritas
De realidades
Existen dos mundos paralelos, uno finito: la realidad, y otro infinito: el de las opiniones sobre la realidad. Pero la realidad manda sobre cualquiera de sus interpretaciones.
La realidad tiene siempre la última palabra. A veces incluso la primera.
Solemos inventar realidades que encajen en nuestras verdades.
La realidad, a falta de otras cosas, es lo que tenemos más a mano.
En la realidad radica el mejor y más potente de los estímulos.
Las grandes ideas hay que enraizarlas en la vida cotidiana.
Crear consiste en enriquecer la realidad.
Creer consiste en construir una realidad.
De verdades y mentiras, dudas y certezas
La verdad sirve para encarar el futuro; la mentira para soportar el pasado.
Las verdades se descubren, las mentiras se construyen.
La verdad requiere rigor, la mentira imaginación.
Nada es menos fiable que una verdad que no cambia.
La verdad ha sido un referente en torno al cual han girado muchas disciplinas. La ciencia ha tratado de hacer aproximaciones, la religión apropiaciones, la filosofía divagaciones y el arte abstracciones. Luego, cada cual construye su propio retrato de la verdad tirando de lo que más nos conviene de cada una de estas disciplinas.
Las firmes convicciones y los sólidos principios sirven más bien para creer, pero son poco apropiados para crear.
Ante una incoherencia entre lo que vemos y lo que creemos hay dos alternativas: 1) dar prioridad a lo que vemos, y entonces estamos haciendo ciencia, o 2) dar prioridad a lo que creemos, y entonces estamos haciendo cualquier otra cosa. Casi siempre se opta por cualquier otra cosa.
La duda hace necesaria la razón.
Existe una tendencia ancestral y universal a eludir la duda de nuestro intelecto.
Un método para conocer equivale a un método para dudar.
De aciertos y errores
No cometer errores es un error.
En la posibilidad del error está la libertad, porque no se puede ser libre para acertar si no puedes ser libre para equivocarte.
Los aciertos despiertan la autoestima pero adormecen la capacidad de aprender. Los errores despiertan la capacidad de aprender pero adormecen la autoestima.
Las personas que no cometen errores tienen un gran defecto: no son interesantes.
Con las creencias el conocimiento avanza poco porque nunca se equivoca.
Pensando
Pasaporte mundial
Nos movemos entre dos ilusiones extremas: una mínima, la supervivencia, y otra máxima, la felicidad. El avance de la sociedad humana debiera progresar en la dirección que va de la mínima a la máxima. Desgraciadamente, es desalentador el alto porcentaje de personas que todavía luchan por la primera.
La hora de comer sigue siendo la hora del hambre de demasiada gente.
La humanidad se enfrenta a dos retos fundamentales: sobrevivir y convivir.
La especie humana es una especie social pero con serias dificultades para soportar al prójimo.
La peor discapacidad es la falta de corazón.
Todo ser humano merece un trato humano.
Parece que hablar de la deuda, de la prima de riesgo, de déficit o de las previsiones de crecimiento es hablar con realismo político, pero hablar de las personas y de los que viven por debajo del umbral de la pobreza es demagogia.
El hombre plantea a nuestro planeta problemas que nuestro planeta no esperaba.
De las cosas de acá
Cada vez cuesta más apretar el botón de apagado, ya sea de nuestro cerebro o de nuestro iPhone.
Los españoles tenemos tendencia a ser solemnes y categóricos. Nunca decimos, por ejemplo, “eso es falso”; siempre decimos “eso es total y absolutamente falso”, aunque ambas cosas signifiquen lo mismo.
Diga lo que diga el diccionario de la RAE, en nuestro panorama político la palabra “jamás” significa “de momento”. Lo mismo le pasa a la palabra “siempre”. Son dos adverbios de tiempo en teoría opuestos pero que en la retórica política convergen hacia el mismo significado.
Aman más a su patria los que creen que es suya.
El verdadero patriota es el que paga religiosamente sus impuestos.
Parece que a la patria hay que defenderla con razón o sin ella.
Para amar la patria, las ideas son un incordio.
A veces le damos tantas vueltas teóricas a los asuntos que nos quedamos sin fuerzas prácticas para resolverlos.
Más importante que las palabras o las ideas son las acciones.
Las palabras dicen pero no hacen. La palabra fuego no quema. Son muchos los lenguaraces, pero no tantos los que traducen las palabras en hechos.
Hay personas que se empeñan en demostrar hablando que no tienen nada que decir.
La mejores ideas pueden surgir durante la ejecución de un plan que no las incluye, lo que requiere, casi siempre, cambiar de plan.
Para parecer honrado no basta con parecerlo, hay que serlo.
Conservador es el que siempre mantiene fijo el timón con independencia de la incertidumbre de los vientos.
Una persona altruista prospera peor que una egoísta dentro de un grupo, pero un grupo de personas altruistas (luchan por el bien común) prospera mejor que un grupo de personas egoístas (se afanan por el bien propio). Quizá eso, entre otras cosas, tiene que ver con la marcha de Torrelodones.
ILUSTRACIÓN: Forges

Publicaciones relacionadas