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Los seres humanos tendemos a encasillarnos dentro de unas coordenadas que marcan las reglas de nuestro comportamiento. Esto nos empuja a ser como nuestros vecinos y a comportarnos según patrones basados en la imitación de los que consideramos ‘los nuestros’. Por eso, creamos identidades colectivas, que pueden ser étnicas, nacionales, sociales, políticas, religiosas, deportivas, culturales […]

Cruzar fronteras, romper moldes, tender puentes
Los seres humanos tendemos a encasillarnos dentro de unas coordenadas que marcan las reglas de nuestro comportamiento. Esto nos empuja a ser como nuestros vecinos y a comportarnos según patrones basados en la imitación de los que consideramos ‘los nuestros’. Por eso, creamos identidades colectivas, que pueden ser étnicas, nacionales, sociales, políticas, religiosas, deportivas, culturales o de otro tipo. Individualmente somos inteligentes y, por tanto, podemos ser tolerantes e incluso bondadosos, pero colectivamente tendemos a hacernos algo cerriles e intolerantes. Tener unas señas de identidad del tipo que sea parece fundamental para orientarnos en un mundo lleno de incertidumbres. La identificación colectiva es un verdadero elemento de cohesión. Lo malo es cuando esas señas de identidad se utilizan para marcar diferencias y se constituyen en arma contra los diferentes (odiar lo ajeno como estímulo para amar lo propio).
El caso es que las sociedades humanas están divididas por unas líneas o fronteras más o menos nítidas o más o menos difusas, pero que condicionan nuestro comportamiento o manera de pensar. Dentro de las fronteras que delimitan las colectividades existe un esquema de pensamiento precocinado dirigido hacia el interior y excluyente hacia lo exterior. Las ideas tienden a fijarse como señas de identidad, se apegan a las tradiciones y costumbres y son reacias a cambios o innovaciones. En definitiva, la realidad tendemos a encasillarla dentro de unas coordenadas que ya vienen predefinidas. De esta manera no se hace tan necesario pensar y plantearse las cosas. Pero cuántas más esencias se consideren como intocables, menos espacios quedan para que las ideas vuelen libremente. Pasa un poco como en esas tertulias de algunos medios en las que los contertulios elegidos suelen pensar lo mismo o parecido y que coincide con la línea se pensamiento de la empresa que los selecciona. El fuego cruzado de ideas y argumentos es así improbable por ‘defecto de fábrica’. Los debatientes se dan la razón unos a otros y todo tiende a una frustrante y banal sensación de pensamiento único.
Pero la realidad es cambiante, impura, promiscua, multidisciplinar y no conoce fronteras. La realidad manda sobre cualquiera de sus interpretaciones, es demasiado real. Por eso, conviene de vez en cuando revisar nuestras verdades vigentes por muy tradicionales y sólidas que éstas puedan parecer.
Desde luego, la región fronteriza es un territorio resbaladizo y de riesgo. En ese terreno es más complicado vivir pues uno ha de ser políglota, tolerante, tener más filias que fobias y ha de asumir el riesgo del error. Pero lenguajes diferentes se enriquecen mutuamente. En la frontera se encuentra el fuego cruzado de ideas y en la frontera se amplía el horizonte panorámico donde las ideas trascienden. Comprender el mundo significa mirar por encima de las fronteras más inmediatas e incluso del horizonte; y comprender la realidad, tal como es, es la mejor manera de tomar decisiones. La vida siempre requiere una dura negociación entre el adentro y el afuera, entre lo que está a un lado o a otro de la frontera, entre lo nuestro y lo demás.
En Vecinos por Torrelodones respetamos las diferentes colectividades, creencias o maneras de pensar pero potenciamos el talante interdisciplinario y transfronterizo.
Con buena objetividad se gana universalidad; lo local nunca debe perder de vista lo universal. En la frontera es posible una población más diversa y más abierta, una circunstancia idónea para seducir y dejarse seducir, para tender puentes, ampliar horizontes, superar dificultades, romper moldes, cambiar algunos pareceres y entender otros puntos de vista. Es un terreno donde surgen dudas a cada paso y, por tanto, la necesidad de pensar y analizar cada cosa.
En nuestro partido no tenemos unas siglas o unas coordenadas prefijadas donde asirnos; sólo nos regimos por la honradez y la lógica que vertebra el conocimiento humano, la lógica que distingue lo esencial de lo que es ruido; entre lo verdadero y lo falso; entre lo que es útil o inútil; y entre lo que es bueno y es malo.
En nuestro objetivo no está alcanzar la meta al final del camino, sino hacer del camino nuestra meta. Paso a paso, solventando contratiempos y cruzando fronteras.
FOTO: LAVAMATE BLOG
 
 
 

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