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El olor a hierros y plástico quemado era insoportable. Cubría a casi todo el pueblo. La humareda llegaba a gran parte de nuestra población. Eran las 4 de la madrugada. Alguna sirena a lo lejos podría hacer sospechar que el asunto, fuera el que fuera, estaba controlado. Las noticias, a la mañana siguiente, revelaban las […]

CocheEl olor a hierros y plástico quemado era insoportable. Cubría a casi todo el pueblo. La humareda llegaba a gran parte de nuestra población. Eran las 4 de la madrugada. Alguna sirena a lo lejos podría hacer sospechar que el asunto, fuera el que fuera, estaba controlado.
Las noticias, a la mañana siguiente, revelaban las dudas: «Incendian el coche de un concejal de Torrelodones con un coctel molotov» A las pocas hora ya había «Dos detenidos«. El ayuntamiento informó inmediatamente, a través de su página web, y manifestaba su más enérgica repulsa y condena  a este acto.
Ha sido una noche muy movida para todo el equipo de gobierno de este pequeño pueblo de la sierra de Madrid y para las familia afectadas, entre las que había algunos niños. En estas situaciones, cuando las palabras no tienen razón, sólo queda la violencia. Eso es lo que ha pasado en Torrelodones: la violencia de los sin razón habla por ellos.
Detrás del acto vandálico, peligroso y estúpido pululan las dudas de quiénes han sido capaces de dar este paso con el que, si es que alguna vez hubo razón, se ha perdido de sopetón. En la agenda del Ayuntamiento hay temas polémicos que se están utilizando para calentar las calles, las redes sociales y las publicaciones de los diversos grupos políticos. Sin embargo, esto ha extralimitado todas las fronteras porque demuestran que la razón no existe y por eso hay que utilizar la violencia. En España estamos muy acostumbrados a ese tipo de chantajes pero nadie en su sano juicio es capaz de pensar que en Torrelodones hay que llegar a este límite para imponer un punto de vista diferente.
Al cierre de este post no sabemos más al respecto de este acto ni de los detenidos pero no podemos dejar de pensar si no somos todos un poco responsables alimentando  los rumores, creando falsas realidades o haciéndonos pasar por usuarios anónimos de las redes sociales con el objetivo de insultar impunemente y calentar el ambiente que anima a los descerebrados a cometer este tipo de actos violentos y absurdos.

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